Para qué sirven las cosas

Todo tiene un uso, una utilidad o función, inclusive aquello que pensamos que no sirve para nada. Por ejemplo, las cosas materiales por lo general tienen un uso operativo, o como mecanismo o herramienta para una determinada función. Por lo general, en este caso, hacemos referencia a los sustantivos. Por ejemplo, la casa, el carro, el perro, la oficina, el martillo, etc.

Sin embargo, dentro de los sustantivos también encontramos muchas cosas que no son realmente una cosa, es decir, algo material, tales como el viaje, la abundancia, la esperanza, el frío, el calor. Aún así, como es de suponer, cada uno de estos sustantivos también tiene un uso, una función, un propósito.

En este sentido nos aproximamos más bien a la función de los adjetivos, es decir, a las cualidades de las cosas, de las personas o de los entes abstractos, tales como lo bello, lo cotidiano, lo difícil, lo importante, etc. Lo bello sirve para ser admirado, para conferir sentido estético, para ser ubicado en un lugar visible donde permitirá obtener determinados beneficios, determinadas acciones, etc. Lo cotidiano sirve para realizar un conjunto de acciones que previamente han sido aprendidas. Lo difícil sirve, según el ámbito de aplicación, para calificar, cuantificar, valorar, obstruir, etc. Lo importante sirve para establecer una norma de valoración o prioridad, para conferirle mayor atención, presupuesto, preeminencia, etc.

En lo que respecta a las acciones, su utilidad es casi tan manifiesta como aquellas que pueden proporcionar las cosas per se. Por ejemplo, un martillo sirve para clavar una puntilla que en definitiva sirve dentro del conjunto de actividades que permitirán terminar de construir una casa. Pero la acción en sí misma, el verbo, el martillar, realmente se encuentra implícito a la misma cosa y en últimas, sirve también para clavar una puntilla, y sirve dentro de las actividades que permitirán construir la casa.

Así, las cosas, todo tiene una función, todo sirve. Desde un punto de vista comprensivo, inclusive las malas experiencias, las pérdidas y las caídas sirven porque proporcionan un aprendizaje, una determinada madurez, comprensión, habilidades de resiliencia, capacidad para levantarse, para no volver a caer, para evitarlo, etc.


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